Es simple: lo que no se comunica, no existe

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Es tan grande la avalancha de información que a veces vivimos en la desinformación, frecuentemente no sabemos qué es verdad y qué no.

Todos conocemos el significado de la expresión “los medios de comunicación son el cuarto poder”. Hasta hace poco tiempo esta frase se refería solo a dueños de los medios de comunicación, los editores y los periodistas. Sin embargo, la revolución social generada con el crecimiento de las redes sociales lleva a los usuarios de los smartphones a ser grandes difusores de información. Todos asumimos roles de comunicadores, pero pocas veces tenemos conciencia del impacto que generamos en nuestra interacción en redes sociales.

Hoy el poder de la información lo tienen los ciudadanos. Todos tenemos en nuestras manos una cámara de fotos y capacidad de transmisión de contenido audiovisual de forma instantánea y con alto impacto. Esta capacidad de comunicación era antes un monopolio de los medios de comunicación. Pero todos tenemos ahora el don de comunicar. ¿Cómo generar conciencia sobre este manejo de poder? ¿Qué deben hacer las empresas ante esta nueva realidad donde cada día circula más información y más rápido?

Enfrentamos el fenómeno de la infoxicación. Es tan grande la avalancha de información que a veces vivimos en la desinformación, frecuentemente no sabemos qué es verdad y qué no, poniendo en evidencia la frase “más, no es mejor”.  La dispersión de las nuevas fuentes de noticias creó un mundo lleno de rumores, chismes y mentiras que se propagan a una velocidad alarmante.

El término “postverdad” existe hace más de 10 años. Sin embargo, la búsqueda de este término en Google Noticias arroja hoy 60 millones de resultados de artículos que usan esa palabra, incluyendo varias portadas de revistas que durante el último año han analizado esta problemática con titulares como el de The Economist en septiembre de 2016: “La política de la post verdad: el arte de la mentira”

Cada día hay más información. No obstante, las empresas mantienen un rezago comunicacional. Todavía existen muchos directivos y gerentes que consideran que no es importante ni necesario comunicar los diversos temas relacionados con su actividad económica y particularmente los impactos, positivos o negativos, que generan a los distintos stakeholders.

Esta situación produce un gran vacío de información que seguramente será llenado por otras personas con diversos intereses, especulaciones, “medias verdades” y mentiras. Está en las manos de los líderes de las empresas difundir la información correcta de forma apropiada y oportuna. La verdad no ha muerto, pero frecuentemente está escondida y no es posible verla.

En mi actividad profesional comento diariamente la frase “lo que no se comunica, no existe”.

La dinámica de las redes sociales está llena de grandes oportunidades; hoy las empresas tienen extraordinarias redes de comunicadores internamente, pero pocas veces se les dedica atención a fortalecer la comunicación que se origina en estas redes.

Existe un enorme potencial en las redes sociales “personales” de los colaboradores. Es clave sensibilizar y orientar internamente en las empresas sobre el impacto y la responsabilidad que significa el rol de comunicador que nos hemos acostumbrado a tener. Para esto comparto tres lineamientos básicos que, aunque son muy sencillos, frecuentemente están ausentes.

  1. Las redes sociales se deben utilizar con prudencia y sentido común: Su uso no debería interferir en el desarrollo del trabajo, en particular en la atención de reuniones donde es muy frecuente que los asistentes tengan la mirada pegada en las pantallas de los smartphones, en lugar de la atención propia de la reunión.
  2. No se puede distinguir entre la información personal o profesional y entre la información pública o privada. Cuando se publican contenidos hay que recordar que son públicos, por lo tanto, hay que hacerlo de la misma manera que si estuviéramos en una reunión o encuentro público. Hay que evitar hacer comentarios sobre temas sensibles o confidenciales.
  3. Entender que las opiniones publicadas son frecuentemente asociadas con la organización donde uno trabaja: Las publicaciones de los colaboradores pueden impactar la reputación de la empresa, de los compañeros de trabajo y de uno mismo, por esta razón siempre hay que pensar dos veces antes de publicar cualquier cosa.

El uso de las redes sociales ha potenciado la problemática de la “postverdad” y los famosos fake news, pero tenemos la gran oportunidad de promover y fortalecer las informaciones de origen conocido y profesional. Las noticias deben ser como los alimentos, así como los consumidores antes de comer algo revisan las características de la comida, las personas deben darle más importancia a conocer el origen de las informaciones, el autor y sus intereses.

Esta es una de las razones para que las empresas promuevan y apoyen el desarrollo de periodismo de calidad que permita un fortalecimiento de la comunicación externa y los medios de comunicación social. Es fundamental que las empresas dediquen tiempo y recursos para que los periodistas puedan conocer y entender bien las temáticas relacionadas con su actividad económica, y adicionalmente apoyar las distintas iniciativas de capacitación que realizan varias asociaciones e instituciones para la mejora continua de los periodistas.

Vivimos en la era de la hipertransparencia, donde cada día es mayor el acceso a toda la información de las personas, empresas e instituciones. Esta situación requiere entender la responsabilidad que todos asumimos cuando publicamos información; evidentemente no tiene ningún sentido tener una licencia o un permiso especial para poder usar un smartphone, pero es necesario que tomemos conciencia del impacto de las informaciones que publicamos, en particular de aquellas cuya fuente no es conocida.

Está en nuestras manos poder contribuir a fortalecer la reputación de la empresa en la que laboramos.

Por: Juan Carlos Roldán
Partner de Komunika Latam
jroldan@komunikalatam.com
Linkedin: Juan Carlos Roldán